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Metodologías de bote, mejor partir de cero

Nunca me he considerado demasiado ortodoxo en la práctica de algo tan creativo como el Testing de Software, siempre que he arrancando un proyecto o un servicio he esperado a tomar tierra y conocer cómo se hacen las cosas allá donde estoy para poder tomar decisiones sobre cómo organizar el trabajo, qué actividades son prioritarias y fijar unos objetivos de manera realista. Espero que nadie considere esto como una provocación, creo firmemente que, salvo en organizaciones muy maduras, con procesos muy estables y donde todo está medianamente engrasado, ceñirse a una metodología es un lastre que puede hundir el proyecto por completo.

Francamente, da un poco de vertigo posicionarse de una manera tan clara en contra de algo que está generalmente considerado como la piedra angular, la clave de bóveda sin la cual es imposible el ejercicio del testing. Yo no estoy en contra de la metodología por ser metodología, es más, creo que es necesaria una  “forma de hacer las cosas”. Estoy en contra de las metodologías rígidas, enlatadas, que vienen definidas de fábrica, las trae un proveedor debajo del brazo, retuerce tanto la metodología como la organización para que encajen y a facturar. Yo soy partidario de unas buenas prácticas que dentro de cada organización y de acuerdo con su filosofía y su idiosincrasia acaben cristalizando en una forma de hacer las cosas… Me parece más natural, más práctico, seguramente más productivo y por supuesto mucho más ético que utilizar de manera implacable algo que en algún momento ha funcionado en otros sitios.

Prefiero un modo de hacer las cosas inductivo, respetuoso con el contexto en el cual se va a poner en práctica: a partir de una serie de principios generales o Buenas Prácticas y de los usos y costumbres de la organización, analizamos las posibilidades y diseñamos unas actividades que den lugar a un proceso de testing racional que aproveche las posibilidades de la organización, que se integre con todos sus componentes y que optimice los resultados. Este enfoque es más barato ya que no se hace un esfuerzo para plasmar la metodología, si no que es la propia metodología la que se va escribiendo descartando las prácticas que no funcionan y consolidando las que se demuestran efectivas y que dan los resultados que el cliente espera.

Es muy probable que en próximas entradas se me escape y escriba Metodología, de hecho esta categoría se llama así. Entendedme y entended mi acepción, estoy hablando de algo ligero, intuitivo, no rígido ni tan formal como es el concepto que habitualmente se utiliza en el sector por parte de proveedores y clientes. En cualquier caso los comentarios y mi correo están abiertos para las opiniones y el debate.

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